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Etiquetar un gran reserva con apellido propio ya no
es privilegio exclusivo de bodegueros. Gracias a la
ocurrencia de tres hoteleros riojanos, el huésped
con inquietudes enológicas puede darse el gusto
de criar su vino en la bodega del establecimiento y
consumirlo después en una opípara cena.
Mes a mes, durante los tres años que dura como
mínimo el proceso de elaboración de un
gran reserva, según lo prescrito por el Consejo
Regulador de Rioja, el caldo estará a su disposición
en la bodega, donde envejecerá en barrica de
roble y será embotellado bajo la supervisión
de un enólogo.
Jaime Gutierrez, ex director general de las bodegas
Cosme Palacios y propietario de la Posada Mayor de Migueloa,
en Laguardia (Álava), destina casi el 80% de
su producción vinícola a la venta mediante
este sistema.
La bodega, que viene funcionando desde 1620, es la más
antigua de La Rioja y también la más pequeña,
ya que cuenta con las 100 barricas mínimas exigidas
por el consejo regulador. De cada barrica salen 44 cajas
de seis botellas que el húesped deja envejecer
hasta que decide consumirlas.
La adquisición suele efactuarse cuando el vino
lleva ya un periodo de tiempo envejeciendo en su barrica
de roble.
Fernando
Gallardo
PeriodicO EL PAÍS (SECCIÓN "EL VIAJERO")
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